Almacenes Sepu

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Detalles de la ruta

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Descripción

Los grandes almacenes SEPU, Sociedad Española de Precios Únicos, fueron inaugurados en el año 1934 y cerró sus puertas en el año 2000 en una situación ya decadente y habiendo perdido todo el esplendor de otras épocas.

Los empresarios Suizos de origen Suizo Henry Reisembach y Edouard Worms abrieron su primera tienda en la Gran Via Barcelonesa, pero un año después el arquitecto Ricardo de Churruca, les construyo un nuevo edificio de 2000 metros cuadrados en lo que eran los Jardines de palacio del marqués de Comillas, Antonio López López.

Su sistema de venta basado en productos de precio único lo hizo muy popular y su eslogan “quien calcula compra en Sepu”, llenó páginas de diarios y espacios de publicidad en las radios.

Su inauguración durante la guerra, marcó sus inicios y fue utilizado por los sindicatos para reuniones, incluso desplegaron grandes pancartas en su fachada, no obstante, y una vez acabada la guerra, la Falange inició una larga campaña de difamación contra estos almacenes y sus propietarios, por su origen judío, que llegándose a producir destrozos de cristales y pintadas en sus escaparates de la sucursal que abrieron en Madrid, aunque curiosamente al acabar la guerra sus propietarios enviaron escritos a Franco mostrándoles su adhesión al nuevo régimen.

Los años 70 iniciaron un ciclo de perdidas provocadas por una fuerte competencia y una falta de actualización de sus líneas de venta, y empezaron unas incesantes solicitudes de créditos que en el año 2000 los llevó a la suspensión de pagos definitiva.

A estas alturas ya se había pasado de una plantilla de los casi 1000 trabajadores del año 1970 a los 225, un autentico desastre que los herederos, la familia suiza Goetschel, no supo afrontar.

Fueron los primeros en poner escaleras mecánicas y muchos recordarán cuando en los días que preceden a la festividad de Reyes, ponían a un rey en un recinto contiguo al terrado que se deshacía de las cartas de aquellos niños que no se habían portado bien y almacenaba con cara de satisfacción las cartas de aquellos que se habían portado bien.