Castell dels tres dragons

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Detalles de la ruta

  • Ubicación: Passeig de Picasso, s/n

  • Vistas: 74

Descripción

Parece ser que a Lluis Domènech i Montaner le hizo gracia el apodo con que algunos Barceloneses bautizaron su gran obra de la Exposición de 1888, el “Castell dels tres dragons”, (obra de teatro de Pitarra), y que claro siempre era mejor este apodo que el otro apodo con el que era conocido “El hostal de l’Arengada” y es que parece ser que el Restaurant que allí se construyó, barato, precisamente, no era.

Su fuente de inspiración fue el edificio de la bolsa de Amsterdam, y para su construcción intervinieron los mejores artesanos de la ciudad, tanto para sus ornamentos en hierro, como para sus policromadas cristaleras ( todas ellas destruidas en la guerra civil) como para los escudos que decoran la parte más alta de las fachadas obra de los maestros Riquer, Pellicer y Llimona; estos escudos muestran dibujos de plantas, bebidas, animales, mujeres, hombres, y una curiosa estrella de mar con una G inscrita en su interior que parece ser un símbolo masón y esta circunstancia hace pensar que el arquitecto Domènech i Montaner era masón, si bien no se puede demostrar.

El edificio convertido en museo de Zoologia, y que anteriormente fue museo de Historia, comedor social o escuela de música, fue también centro de actividades y reuniones políticas, siendo aquí donde se ratificó el documento con base constitucionalista catalana llamado “Les bases de Manresa”.

Pero se construyó con la finalidad de ser un “Café Restaurant”, de lujo para dar servicio a la exposición.

No se sabe el motivo por el cual hay quien afirma que su inauguración se produjo meses después de la exposición y que su construcción no llegó a tiempo, pero si bien es cierto que tanto los tiempos de ejecución como la falta de operarios en algún momento hizo peligrar el cumplimento de fechas, un año antes de lo previsto ya empezó a dar servicio a la ciudadanía.

De este modo y antes de la exposición, durante la misma y unos meses posteriores, su entrada de carruajes, su planta baja destinada a café, su primer piso a Restaurant o su Gran Salón dieron cabida a toda la aristocracia y el lujo de la ciudad y hoy nos queda una de las mejores obras maestras del que fue uno de los mejores arquitectos de la historia y del modernismo Catalán.