Gallinas salvajes en Barcelona

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Detalles de la ruta

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Descripción

En el Torrent de Tapiolas del barrio de Vallbona hay una extensión de 8.000 m2 con edificios de unos 300 m2, desde 1920 que corresponde a una antigua granja.
Se trata de la Granja Montserrat que fue una de las granjas más avanzadas de Catalunya, tanto por sistemas de riego, como por los procedimientos utilizados para recolección y cría de animales como por las ventajas sociales para sus habitantes y trabajadores al extremo de que disponía de piscina algo inaudito en la época y aún más en una granja.

Su objetivo era abastecer a los bares y restaurantes de la ciudad si bien durante la guerra civil fue colectivizada para abastecer a las tropas republicanas, pero en 1940 el propietario Miquel Icart vende su finca a Merce Azcoaga heredera del hotel Ritz desde la muerte de su padre Antonio Azcoaga el 19.5.1935 y esta a su vez a los pocos años lo vendía a Julio Muñoz Ramonet confidente Franquista y reconvertido empresario y claro con el paquete del Hotel también estaba la finca.

El objetivo era que la granja abasteciera las necesidades del Hotel y el sobrante se vendiera a otros grupos Hoteleros y evidentemente la filosofía de la finca cambió y la optimización de recursos, mejoras de la producción y de resultados se convirtieron en las nuevas directrices, es decir la piscina y los momentos de ocio casi que desaparecieron por completo.

Las pérdidas económicas llevaron a que en los 90 Juan Gaspar y su equipo se hicieran con la propiedad del Hotel Ritz en unas vergonzosas negociaciones con la familia Ramonet que llenaron portadas de diarios y evidentemente a los nuevos propietarios no les interesó en absoluto la granja que paso a sufrir un abandono total.

Desde 2003 paso a manos del Ajuntament que procedió a la expropiación y que aún hoy no sabe qué destino dar a esta granja aunque por un lado la asociación de vecinos solicitan la conservación de algunos de los edificios y dedicarlos a actividades sociales del barrio pero por otro lado el consistorio alega que son edificios sin valor histórico.

De cualquier forma su visita es totalmente recomendable.

Cuando abandonaron las instalaciones, algunos gallos y gallinas quedaron libres y sus descendientes siguen campando por sus anchas por todo el barrio.

Como no tienen control sanitario y comen lo que pueden     no son en absoluto aptas para el consumo humano, eso si los vecinos les dan restos de comida y forman ya parte del paisaje del barrio.