La hora oficial

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Detalles de la ruta

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Descripción

 Está claro que antes no habían móviles, ni relojes de pulsera, ni de bolsillo y como sabía la gente en que hora vivían? pues básicamente por las campanas del ayuntamiento y la intuición…..
Pero bajando por las ramblas y a mano derecha podremos ver un edificio singular con los bajos ocupados por el Teatro Poliorama y en la fachada un gran reloj con un rotulo que reza “la hora oficial” y es que efectivamente desde 1891 y durante 50 años, este reloj de precisión por ser eléctrico, marcó la hora oficial de los Barceloneses y cabe añadir que en el interior de edificio hay además un reloj que indica la hora de 24 ciudades del mundo con las salidas y puestas del sol y un calendario perpetuo con los signos del zodiaco, sin duda tecnología punta para la época.
¿Y porque motivo en las Rambla? Pues porque desde 1883 se encuentra la sede de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de la que formaban parte las mentes más ilustradas de la ciudad.
Efectivamente al arquitecto Josep Domènech i Estapà se le encargo la construcción de un edifico sobre el solar donde se había ubicado anteriormente un colegio Jesuita destruido durante la guerra del Francés, y que anteriormente había sido el único referente para estudios de la ciudad ya que Felipe V después de 1714 ordenó desmantelar todas la universidades de la Barcelona y trasladarlas a la ciudad de Cervera por su fidelidad durante la guerra de Sucesión.
Se comenta que al término de la guerra las autoridades de Cervera reclamaron al rey dos favores uno que llegase el mar a la población y el otro universidades, evidentemente el rey solo pudo conceder la segunda.
De cualquier forma el nuevo edificio tenía que servir de base para el desarrollo académico de los componentes de dicho colectivo y para la observación planetaria y espacial, por este motivo el edificio en su parte superior tiene dos grandes torres de observatorio donde se encontraban ubicados dos telescopios.
El edificio es de gran originalidad con ornamentos únicos y pioneros de la época, y unos interiores impresionantes y llenos de detalles de un incipiente modernismo como puedan ser sus esplendidas escaleras, pero lo que nadie pensó es en que la ciudad unos años más tarde dispondría de luz eléctrica en sus calles y la contaminación lumínica daría al traste con la visión de los telescopios por los que los académicos optaron por trasladar el observatorio a Collserola gracias a la generosa aportación económica del Marques d’Alella que permitió construir un nuevo edificio en 1904 que ha pasado a ser todo un referente para la ciudad no tan solo por su magnífica construcción si no por la gran cantidad de descubrimientos astronómicos conseguidos.