Música y lujo en Montjuïc

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Detalles de la ruta

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Descripción

La Exposición Universal de 1929 dejó a Barcelona la completa renovación de la Montaña de Montjuïc, semejante y magno evento requería un restaurante a la altura de las circunstancias.A tal efecto se construyó junto los almacenes que posteriormente serían los estudios cinematográficos Trilla-La Riva y la fábrica textil Casaramona un esplendido restaurante que disponía de una gran pérgola al aire libre, pérgola que dio nombre al Restaurante y a la curva próxima del futuro circuito.

Desde su terraza se podían ver perfectamente las fuentes de Montjuïc y asistir a los conciertos musicales que en su escenario se producían con la flor y nata de los artistas del país en aquellos momentos. Renato Carosone, Dodo Escolá, José Guardiola o Ramón Calduch fueron algunos de los muchos artistas que amenizaron las cenas del distinguido público que allí acudía.

Pero el Restaurante que siempre fue propiedad del Ayuntamiento y trasladaba su gestión a la empresa que en subasta pública más pujaba fue cambiando de mano en mano y un reguero interminable de empresarios fue pasando por su dirección ya que su rentabilidad era escasa,restauradores acreditados como Jaume Soteras o el padre de Joan Gaspart, tampoco consiguieron rentabilizar el negocio a pesar de que cada uno imprimía su propio estilo. Los hubo que prefirieron dedicar el local a restaurante, otros a veladas nocturnas, otros potenciaban un tipo determinado de música o bien dedicarse a bodas y otros potenciaban los concursos de belleza.

Con tanto ir i venir las columnas de la pérgola y la pérgola situada en la terraza fueron desmontadas con la intención de conseguir más metros y el restaurante perdió uno de sus principales atractivos. Poco a poco el esplendor de otros años fue apagándose y con el inicio del nuevo siglo cerró definitivamente sus puertas dando paso a años de abandono total.

Queda en la memoria de muchos barceloneses las noches de lujo del local y el sonido de las orquestas que llegaba a muchos rincones de la montaña de Montjuïc incluso a las barracas y la miseria que entre los años 40 y 60 ocupaban los alrededores del Museo Nacional de Catalunya produciéndose un curioso contraste.