Patronat Ribas

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Detalles de la ruta

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Descripción

Vapor nou de Rubí era una industria textil especializada en terciopelos que creó Pau Ribas y que a su muerte siguieron con gran acierto sus hijos Rosend, Frederic y Lluís, dimensionado la fortuna familiar.

Los tres hermanos tenían una especial vocación por ayudar a la infancia, por lo que promovieron diferentes escuelas y centros de formación en esta localidad, así como guarderías en sus industrias para los hijos de los trabajadores.

Lluís el último en morir dejó encargado un centro de atención de huérfanos que tenía que estar en Barcelona y que fuese financiado por el “patronato Ribas” y en 1919 dicha institución compra la espléndida masía y los terrenos de Can Besora en Sant Genís dels Agullers, de la mano del arquitecto Sagnier.
Sagnier, crea un inmenso edificio siguiendo la metodología Montessori, con salas de estudio, cine, salón de actos, clases, enfermería que incluía sala de rayos x, por supuesto salas de dormitorios, cocina y como no, capilla. La edificación en forma de H, era de construcción clásica catalana, barroca, con
relieves en terracota y de extremada sencillez.

El edificio se inaugura en 1930 y tenía capacidad para 500 camas y 800 plazas escolar pero la realidad es que nunca se superaron los 200 internos.

Los primeros años fueron todo un modelo de inserción y de buen trato para con los huérfanos, el problema llegó cuando después de la guerra, periodo durante el cual el centro se había transformado en hospital, vuelve a convertirse en orfanato, siendo el lugar de acogida, en la mayoría de casos de
hijos de fusilados y represaliados durante el conflicto.

Pongamos solo un ejemplo, el de Joan Capmany que, a través de un libro publicado por su hija Rosa, explica algunas de sus vivencias. Como muchos de los internados víctima de malos tratos intenta escaparse con 9 años y al ser descubierto es encerrado por un sacerdote en una habitación a oscuras durante 16 días, momento en el que el sacerdote le propone relaciones sexuales a cambio de dejarlo salir, al negarse recibe una gran paliza y le vuelve a encerrar.

En 1972 el orfanato cierra sus puertas y gracias a la gran presión popular se salva de una gran operación inmobiliaria que preveía derruirlo para edificar pisos y en 1977 se transforma en el IES Vall d’Hebron, un inmenso y esplendido edificio, pero que en algunas de sus salas siguen recordando
aquellos pobres críos victimas del fanatismo político y religioso.