Santa Madrona hacía milagros con el cambio climático

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Detalles de la ruta

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Descripción

Si bien hoy atribuimos cualquier anomalía climatología al cambio climático, antes y durante siglos se atribuían a la maldad de las brujas o bien a la poca fe de la ciudadanía.

En 1687, unos años extremadamente caluroso, se padeció una intensísima plaga de langostas; en septiembre de ese mismo año arde el convento de la Mercè, cosa que se toma como un presagio por lo que el Consell de Cent y se comprometió hacer a Santa Mercè la patrona de la ciudad si hacía un milagro y finalizaba la plaga, enviando a todos los Barceloneses a rezar en su favor, la epidemia paso y 180 años después el Vaticano ratificó la solicitud (son un poco lentos).

Mercè cogió el relevo a Santa Eulalia (anterior patrona) que había sido canonizada en 663 y que en un traslado de su sepulcro desde Santa María a la Catedral,  obró un gran milagro a la altura de la plaça de l’àngel en el que denunciaba un cura que había robado un anillo de dentro del sepulcro, pasando con los años a ser la nueva patrona de la ciudad en sustitución de Santa Madrona, anterior patrona, por cierto en la catedral podremos ver la tumba de Santa Eulalia, pero solo la tumba, parece ser que los restos fueron recogidos en bolsas durante la guerra civil y vendidos a un coleccionista americano.

Por su parte Santa Madrona, nacida en la ciudad de Barcelona en la zona del poble sec, es elevada a la categoría de patrona en 1584, que directamente otorgó el Consell de Cent, sin pasar por la aprobación vaticana, y es que en aquellas fechas también hubieron grandes sequías que provocaron nefasta cosechas y falta de agua, por lo que al Consell se les ocurrió poner a rezar a la población para que Santa Madrona, hiciese llover.

El tema venía por que la Santa que había quedado huérfana muy joven se había trasladado a Salónica donde trabajó como sirvienta, allí de la mano de la dueña de la casa sufrió grandes torturas al enterarse esta que era católica, al punto de morir, sus restos fueron vendidos a un pirata francés y en el traslado a su Marsella a la altura de Barcelona se levantó un gran temporal que obligó a resguardar la embarcación en el puerto de la ciudad, pasado el temporal intento zarpar pero cada vez que lo intentaba se iniciaba un temporal, al final optó por bajar el féretro a tierra y pudo partir, los restos fueron transportados a la ermita de Sant Fruitós en Montjuïc, que pasó a denominarse ermita de Santa Madrona.

Por este motivo siempre se le relacionó con la lluvia y los temporales y siempre que habían sequías se acudía a la ermita, también cada 15 de marzo, las mujeres de la ciudad se engalanaban y acudían a llevarle flores.

La ermita, que vive en el olvido, sigue en pie en Montjuïc, ha sufrido infinidad de transformaciones y el convento que construido a su lado fue derruido en su totalidad, solo un puñado de barceloneses siguen subiendo a la ermita a depositar flores y pocos saben que ella, la santa, también fue patrona de la ciudad.