Un gesto le perdonó la vida

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Detalles de la ruta

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Descripción

Los Flassaders eran los fabricantes de mantas.

Los Flassaders barceloneses tenían una gran fama por la calidad de sus productos que abrigaban y eran sometidos a controles de calidad excepcionales, tanto que las piezas defectuosas era destruidas.

La fama de este gremio hizo que tuvieran una calle.

Pero esta calle fue derribada cuando Felipe V hizo destruir gran parte del barrio de la Ribera para construir la Ciutadella Militar

No obstante era tal su poder que con el tiempo se le cambio el nombre del Carrer Bonanat Sabater por el de Flessaders.

Era una tarde tranquila, justo antes de tocar la queda, como se hacía en aquellos tiempos. No habían apagado aún las luces de la calle Flassaders cuando un par de ladrones se acercaron a casa de un vecino viejo de la misma calle conocido por su fama de tacaño y entraron.
Una vez dentro, lo apuñalaron con un cuchillo y se hicieron con todo lo que pudieron recoger. A continuación, se marcharon llevándose el arma del crimen.
En ese mismo momento, un  joven, sintiendo los gritos de su vecino, corrió a ver que había pasado. Al llegar al piso encontró el viejo tirado en el suelo en un charco de sangre y se agachó para ver si todavía estaba vivo. Pero ya era demasiado tarde …
Asustado,el  joven volvió a casa e impactado por la escena se quedó parado con la luz encendida sin poder cerrar los ojos.
Momentos más tarde, pasó por allí la ronda que hacía la vigilancia nocturna y al ver la puerta del viejo abierta entró encontrándose con la escena del crimen: El cuerpo de un hombre maduro sin vida, una balsa de sangre , y unas tijeras , (que deberían haberle caído del delantal al vecino al intentar socorrerlo).
La luz de la casa del joven estaba abierta en ese preciso momento. Todo apuntaba a sospechar del  joven. Ante aquellas evidencias, el hombre fue condenado a pena capital.
Cuando lo llevaban a morir en el Pla de les Forques (actual Pla de Palau), bajando por la Calle Montcada, el joven gritaba y lloraba desesperado defendiendo su inocencia.
En ese preciso momento la imagen de la Virgen que se encuentra sobre la entrada del ábside de Santa María del Mar, se volvió hacia la calle Montcada mirando con cara compasiva el condenado y le mantuvo la mirada.
Ante esto el pueblo se alborotó y el joven fue perdonado. Otras versiones dicen que en ese preciso instante, la cuerda se rompió . La imagen sigue allí, mirando hacia la calle Montcada.